No lo critico, es un hábito que me encanta, y en cuanto encuentre una de segunda mano lo suficientemente barata como para no tener que estar un par de semanas sin comer, me la compro.
Supongo que fruto de la gran densidad de bicicletas, existe también una gran confianza y seguridad entre los usuarios. Es muy curioso cómo la mayoría están atadas a sí mismas. Sí, sí, has leído bien, pasan el cable de acero por la rueda y por el cuadro y ¡hala!, ya está asegurada. Nada de llevarse el sillín, o atarla a una farola en la que hay un dóberman que ha sido criado comiendo carne humana y al que llevan semanas sin alimentar. En Málaga, creo que podría afirmar con total seguridad, que una bicicleta atada a sí misma duraría menos que un polo de nieve al sol.
Pero toda cara tiene su cruz y Alemania no iba a ser menos. Todo muy bonito, muy civilizado y muy ________ (rellenar al gusto del consumidor). Pero ES IMPOSIBLE ENCONTRAR AGUA SIN GAS. No digo que no la haya, que la tiene que haber, aunque sólo sea en charcos y ríos.
El otro día me sentí como Indiana Jones buscando la botella de agua perdida. Justo cuando estaba a punto de rendirme, harto de leer wqibfqiybqfwiib wasser sin tener ni idea de qué significaba, encuentro una etiqueta que rezaba : Stilles Mineralwasser. ¡OLÉ!, pensé inocente de mí, en un proceso en el que mis dos neuronas casi se funden. Deduje que si en inglés el agua incolora, inodora, e insípida se llama still water, esa botella debía contener el néctar de los dioses que llevaba varios días buscando. Pero cuando me dispongo a probarla...
¡¿Why is this happening to me!?
Lleva conmigo ya varios días y ya le estoy cogiendo cariño a las orejillas que tiene.