Ah sí, estaba flipando un rato... Ya hace dos semanas que empezaron las clases y se empieza a normalizar todo un poco, aunque siguen habiendo cosas que todavía chocan un poco. Quizás porque en física no estamos acostumbrados a clases más grandes que las de un colegio. Total, para qué las ibamos a querer más grandes si el récord de ocupación de una clase a lo mejor son 12 personas.
Aquí las clases son un poco diferentes no sólo por su forma, sino por cómo tratan los alumnos al profesor.
La disposición de las bancas esta bastante bien aunque es... cómo decirlo... íntima. Pese a la reducción del Lebensraum, a los chiquititos como yo no nos molesta ningún gigante cabezón de los que abundan por aquí. Hay más de una pizarra en las clases ¿qué buena idea para las asignaturas de ciencas no?. En granada, los pobres profesores tienen que andar buscando espacios en verde para poder escribir algo o arriesgarse a borrar y que se escuche un ¡¡¡Noooooooooooooooooooooooooooo!!! completamente desesperado. Aunque esto también tiene su encanto, pues te haces un experto en caligrafías que no son la tuya al tener que usar la libreta de tus compañeros como fuente de conocimiento. Las pizarras están montadas sobre un sistema que las sube o las baja con un motor, pero lo mejor de todo es cómo las borran. Empapan un mocho alargado en agua y repasan con él toda la pizarra para luego deshacerse del agua con una goma limpiacristales. Que cuando acaba de limpiar no sabes si va a continuar la clase o te va a pedir un par de euros como pasa en España en los semáforos.
De todos modos lo más sorprendente es la interacción profesor-alumnos durante las clases, no es que esté preguntándonos toda la hora y media que duran, ni que traiga juguetes y cachivaches, o que se porte como un prepotente que habita en la planta superior a la que residen el bien y el mal, sino cómo pasan los alumnos del profesor. En un día normal de clase, independientemente de la asignatura se pueden ver la mayoría de las siguientes situaciones.
- ¿Que ha llegado tarde y se quiere sentar en tol cogollo? -> Da igual, camina sobre las bancas intentando no pisar mucho los apuntes y se coloca donde al muchacho se le haya puesto en los c...
- ¿Que le apetece un café? -> Sale a por el café y vuelve, por supuesto. Y si es el tío del cogollo mejor, Combo x2.
Pese a eso, la oferta educativa es aburmadora. Como ya dije en el post anterior, hay muchísimas asignaturas teóricas, prácticas e incluso de biofísica, ya que aquí existe un máster en tal especialidad. También existe una posibilidad que en en España es insoñable, la de trabajar en la universidad. Tan sólo hay que hablar con los profesores a ver cuál tiene tareas que pueda asignarle a un estudiante de física, y acordar el número de horas semanales que se van a dedicar dicha tarea. Por lo que tengo entendido se pagan a algo más de 10€/h, cosa que está de lujo. Eso sí, absteneos lecheros y lecheras, que "sólo" se puede trabajar un máximo de 20h/semana.
A mi me encantaría poder trabajar aquí, no tanto por el dinero, que viene de lujo, sino por la experiencia que se adquiere desempeñando una labor para la que supuestamente te estás formando. Muchos compañeros ya han comenzado la caza del contrato salvaje, pero yo creo que voy a esperarme un par de semanas aunque me arriesgue a no encontrar ninguno. Prefiero saber a con certeza de cuántas horas dispongo para trabajar, estudiar y vivir, a tirarme a la piscina y pasarme todo el semestre intentando no ahogarme. (Que a mi me gusta mucho eso de, ¿que hay que pasarse una noche sin dormir por culpa de la cantidad de asignaturas y alumnos que tienes? ¡Paso al frente! )
Aquí, al igual que en Granada, hay mesas de ping pong, pero lo mejor es que tienen un UN BILLAR , y un futbolín. Ah, y las máquinas de porquerías y café.
Con esta última insurrecta he mantenido una lucha que ha durado dos semanas y de la que he resultado vencedor. No ha sido fácil, ha habido muchos días de cafés aguados pero fuertes, cafés con espuma como para afeitar a Chigüaca y chocolates con sabor a café. Pero al final he podido encontrar su punto débil, el boton del Vanillaccino, un café dulce con un tono a vainilla y la espuma justa al que le estoy cogiendo cariño, y con el que me temo que forjaré una gran amistad ya que este año las costumbres alemanas me están "ayudando" a levantarme sobre las 7 de la madrugada diariamente.

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