jueves, 11 de octubre de 2012

Esta entrada no tiene nombre. No porque no sepa cómo llamar la situación vivida, sino porque al no tener nombre es una idea nebulosa. Un ente sin forma que puede convertirse en cualquier cosa en el futuro o cambiar la concepción del pasado. Es para mí una idea más potente que cualquiera, gracias a no tener etiquetas que acoten su significado.
Sin embargo hay conceptos más pequeños, de aplicación cotidiana que quizás se acerquen a describirlo. Puede que haya quién lo llame suerte entre comillas, incluso algún mal llamado místico lo podrá llamar karma, pero yo en mi corazón lo siento como un cúmulo de posibilidades y circunstancias sin orden temporal absoluto que no puede etiquetarse para ser entendido.

No es que haya trascendido mi consciencia corporea o haya visto a la Virgen María. Tampoco es que me haya dado una vuelta por el planeta Hercólubus, cuya avenida se anunciaba como mesiánica hace unos años para los seres espiritualmente evolucionados...

Hoy HE ENCONTRADO ALOJAMIENTO y lo más interesante es: qué he encontrado, dónde y cómo lo he encontrado. Los porqués quizás parezcan claros al acabar la historia, pero el devenir de los hechos y que parezcan manejados por un Demiurgo que gobierna los hilos que nos hacen pasar por donde pasamos, y llegar a donde llegamos, es ya elección de cada uno.

Tras llevar más de 2 semanas buscando piso aquí en Munich, una paisana malagueña a la que conocí en un bar con un grupo de españoles, me recomendó entre otras cosas que me acercara al Studentenwerk en el Olympia-Zentrum para solicitar una habitación de las que disponen (y que no pueden darme ya que soy estudiante de intercambio). Me dijo que insistiera, que fuese tan pesado como pudiese y que contara que mi situación era extrema ya que llevaba mucho tiempo viviendo de hostal en hostal quemando el dinero por días. Y así me dispuse a obrar.

Sin embargo no ha sido necesaria tal estrategia por que, sin yo saberlo, había tenido la llave de una habitación dentro de mi hasta el cuarto día de mi estancia en Munich. (No estaba embarazado mamá, puedes estar tranquila que el otro día me bajó la regla...)

Ahora quizás convenga situarnos en el 27 de septiembre, mi cuarto día en Munich, para entenderlo todo mejor. La mañana del día D comencé a sentir un dolor fuerte en el costado izquierdo. Un dolor del que no existe postura que te guarezca . Algo así como un tirón muscular muy fuerte, de los que hacen que te levantes de la cama y empieces a pegar saltitos a la pata coja a las 4 de la madrugada, y una puñalada con una cuchilla afilada y ardiente. ¿Qué haces cuando tienes una mezcla de dolor, desconocimiento y temor? Yo al menos aguanté a ver por dónde salía la gracia. En lo más profundo de mi ser deseaba que fueran gases aunque por el rabillo del ojo miraba hacia el temido pero conocido, cólico nefrítico.

A las 17h empecé a buscar un hospital, al que mi compañero Iván tuvo la amabilidad de acompañarme, ya que si ni si quiera sabes qué problema tienes, ¿cómo lo vas a solucionar?. Así es básicamente cómo comienza la historia de la operación a la que me sometieron esa misma noche para extraerme un cálculo renal de dimensiones considerables que tenía incrustado en el uréter izquierdo.



-¿Anestesia general?
-¡Anestesia general!
-¿Catéter?
-¡Catéter!
-¿Martillo hidráulico?
-¿Cómo?
-¡Hala! Piedra fuera. ¿Sonda?
-¡Sonda!

A la mañana siguiente, harto de tener que beber mucha Stilles Mineralwassa y tras la inspección mediante ecografía de los posibles organos afectados, realizada por dos estudiantes de medicina muy guapas, obtengo el alta y un documento en el que se relata mi mi historia clínica. En aquél momento, y cómo el documento estaba en alemán, hubiera preferido la piedra al papel. Pero todos sabemos que papel gana a piedra siempre.

Ahí estaba, muerto de risa, doblado y tirado en la maleta hasta hoy mismo. Por recomendación de Phil, y como el chocolate caliente que no hace sino mejorar el sabor de los churros, me llevo el documento a la oficina del Studentenwerk para seguir la estrategia sugerida por Bely, que así es cómo se llama la pasiana en cuestión. Pero en lugar de ser insistente, podía alegar que tenía una situación especial, ya que la operación me había impedido andar durante muchos días, y por tanto encontrar piso. Con síntomas de estar todavía convaleciente, le he contado a la Señora Vogg cuán especial era mi situación. Tras dar fe gracias a el papelajo ha sonado una alarma. Los paneles del techo de la oficina se han abierto y han empezado a caer confeti y tirillas de papel coloreado a la par que salían unas de modelos-azafatas con sendas botellas de champán y sus correspondientes copas para celebrar que me iban a conceder una habitación. Quizás la Señora Vogg no haya sido consciente de tal evento ya que estaba hablando por teléfono, pero yo me juego mi unicornio y su montura a que así ha sucedido.

Por fin tengo habitación, ¡y qué habitación!. Una estancia en uno de los edificios del Olympiadorf, en el mismo lugar en el que se hospedaron los deportistas en las olimpiadas de Munich 72. No cabía esperar un alojamiento más acorde con mi persona y mi apolínea figura...


Este mapa muestra la localización de el complejo de bungalows y edificios altos repletos de habitaciones en el que una de ellas es para el que esto escribe. A un minuto escaso de una parada de metro que me llevará a la facultad en Garching y rodeado por un gran parque, un montón de tiendas, supermercados y cafeterías, intentaré dar este año lo mejor de mi desde el 2 de noviembre.

Asegurar con ferviente vehemencia que si uno se deja llevar por el río, la corriente lo acercará a donde haya de llegar por el mejor camino, es fácil una vez que se ha llegado a la otra orilla y se está seco. Pero yo acabo de cruzar este río y ¡soy imparable!. Podéis cambiar mi nombre en la agenda de vuestros móviles por el de Mr. Fahrenheit.




P.D: Disculpad por tanta subodinación pero el ruido del enjambre de ideas de mi cabeza no me ha dejado escribirlo de forma más sencilla. Por cierto, ya estoy casi totalmente medio recuperado.

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